La poesía de Huancayo que ha cruzado continentes: la poeta Karuraqmi Puririnay en China [Entrevista]

La poeta Karuraqmi Puririnay forma parte de una generación que ha revitalizado la poesía contemporánea del Valle del Mantaro y del Centro del Perú, abriendo una senda que emerge desde la periferia y desafía los cánones establecidos, sobre todo aquellos impuestos desde la centralidad capitalina. Su propuesta poética conjuga la ancestralidad y el erotismo andino, tejiendo una relación profunda entre naturaleza, cuerpo y territorio, y reinterpreta la herencia andina desde una mirada contemporánea, crítica y visceral.

En 2021, publicó su ópera prima Layqa, nativa de la oscuridad, un libro que irrumpió con fuerza y sensibilidad en la poesía regional. Tres años después, en 2024, dio a conocer Estancias de una [h]asilvestrada, un poemario sigiloso pero atrevido, donde su voz alcanza nuevas dimensiones literarias. Con ambos libros, Karuraqmi consolidó una poética que ha sabido crecer desde lo local hacia lo global, reafirmando que la poesía que nace en los Andes también puede recorrer el mundo.

Desde la publicación de su primer libro, la autora ha participado activamente en diversos festivales y encuentros literarios en Apurímac, Huancavelica, Ica, Lima y otras regiones, llevando la voz del centro del país a múltiples escenarios. En 2024, año en que apareció su segundo poemario, representó al Perú en el Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia), uno de los encuentros más emblemáticos de América Latina. Su participación marcó un punto de inflexión en su trayectoria, al insertar su literatura en el mapa de la poesía latinoamericana contemporánea.

Ahora, en 2025, su presencia en el Festival Internacional de Poesía Joven “Ecos de las Civilizaciones – Sesión especial de poetas jóvenes chinos, latinoamericanos y caribeños”, realizado en China, reafirma la apertura de su obra hacia un diálogo intercultural entre América Latina y Asia. En esta edición, Karuraqmi fue una de las tres poetas peruanas invitadas, representando a Huancayo y al Perú en un espacio que celebra la diversidad y el intercambio poético entre civilizaciones.

Su participación en este festival simboliza el proceso de internacionalización de la poesía joven peruana desde las periferias, demostrando que el centro también puede estar en las montañas, en los valles, en el mundo. Desde esa experiencia, Karuraqmi comparte sus reflexiones sobre el viaje, el encuentro con otras tradiciones poéticas y el significado de representar al Perú en un contexto de convergencia cultural y espiritual.

1. ¿Cuál era la naturaleza del festival y qué significó para ti representar a Huancayo y al Perú en ese encuentro poético internacional?

“Ecos de las civilizaciones, Festival Internacional de Poesía Joven 2025- Sesión especial de poetas jóvenes Chinos, Latinoamericanos y Caribeños” como su mismo nombre lo denomina tenía como naturaleza ser, en esta edición, el centro de intercambio, conversación y reflexión  en torno a la poesía vinculada a la historia desde cada una de las orillas latinoamericanas. Cada poeta invitado llevaba consigo, en su kipi espiritual, los saberes, memoria y tradiciones de sus comunidades, pueblos o países.

Cuando en el mes de mayo me comentaron que por ahí se sugería mi nombre (mi seudónimo) lo dudé, supuse que era una broma pesada, de esas que te juegan los hermanos, pero cuando me llegó la invitación, ahí sí pensé de inmediato en que el asunto era serio e igual de increíble. La poesía para mí siempre ha sido y será un ancla a la vida, una forma de darle voz a lo que no tiene boca, un tejido hecho a medida de la oscuridad propia. Jamás pensé que la poesía, que mi poesía me llevaría tan lejos, que esa poesía a la que algún escritor muy reconocido la llamó “poesía aldeana” (y me refiero específicamente al poema “warmi”) se oyera frente a estudiantes, académicos, poetas y público en general de China y Latinoamérica, a más de dieciocho mil kilómetros de distancia, tras más de treinta horas de vuelo desde mi ciudad natal.

Para mi representar a Perú, junto a otros dos poetas peruanos, desde una perspectiva lejana ha sido como una especie de suerte, como cuando uno se gana el gran billete de la lotería, pero más consciente de todo lo que abraza el encuentro fue una enorme responsabilidad, pues con mi boca y mi poesía no solo hablaba yo, también lo hacía mi comunidad, mi madre, los abuelos de mis abuelos, mis hijos, los estibadores, los enfermos, los albañiles, las montañas, los ríos, la injusticia, la bohemia, el olvido, etc.

2. ¿Qué impresiones te dejó el contacto con la cultura china y con la manera en que allí se vive y se siente la poesía?

Tanto en el “Festival  internacional de Poesía Joven en China” 2025, como en el “Festival Internacional de poesía de Medellín” 2024, encuentro común en que en ambos espacios la poesía (es decir la palabra tejida) tiene un valor profundo y supremo. Ya lo decía una compañera poeta de Argentina, Elena Annibali:

“Algunos países tuvieron la suerte de ser acompañados por embajadores, diplomáticos y periodistas culturales. Otros, elevaron cartas de reconocimiento y agradecimiento al gobierno chino por acogernos de semejante manera. En el caso de Argentina, hubo un sórdido silencio y una gran ausencia. Mientras transcurrían las conferencias y las lecturas en las universidades, ministros de varias áreas que gobiernan un país de 1200 millones de habitantes, estaban sentados con nosotros, haciendo anotaciones de nuestros artículos y comentando nuestros textos. Entendí que mientras acá en Argentina, la aguja oscila entre las ideas de inversión o gasto, allá se menciona la palabra ‘valor’. La cultura es un valor. La educación es un valor. Las antiguas dinastías, los milenarios emperadores y los modernos gobiernos, consideran que el escritor es una figura relevante en su sociedad. Los políticos deben ser ilustrados.”

Tanto en Argentina, en Perú, como en otros países de latinoamérica la cultura es el último bastión. Una práctica que no aporta absolutamente nada en el desarrollo de un país. Y es entendible, en el Perú de hoy, son más urgentes atender otras necesidades.

3. En tu experiencia, ¿qué similitudes y diferencias encontraste entre la poesía oriental y la poesía latinoamericana?

Siguiendo el rastro de las líneas arriba, en mi experiencia, que aclaro no ha sido tan profunda, no he podido hallar similitudes, pero si gigantes diferencias. Es un panorama que me apena, por no decir que me socava las esperanzas. Digo esto por el contexto social, no podría escribir de abundancia si mis hermanos en la calle se están muriendo de hambre, no podría escribir de paz si las infancias están aprendiendo a contar balas, no puedo escribir de crecimiento si acá en Perú se nos mata y se nos arrebatan derechos.

Aunque poco o nada tiene que ver, la poesía oriental es extensión de la poesía que se escribe en los Andes (o viceversa), desde el sentir andino y su gratitud a la naturaleza. Nuestras montañas están allá, sus montañas están aquí. Son como dos hermanas mellizas. Es posible que en ese cauce lleno de árboles y gigantes serpientes de ríos y piedras la poesía latinoamericana conversé con la poesía de China.

4. ¿Qué poemas elegiste para compartir en el festival y qué aspectos de tu voz poética sentiste que dialogaban con el tema del encuentro?

Antes del vuelo, nos solicitaron por correo que enviemos un aproximado de 30 poemas, entre ellos incluí poemas de mis poemarios “Layqa, nativa de la oscuridad” y“Estancias de una (h)asilvestrada”, además de otros trabajos inéditos. Lo que me conmovió de sobremanera fue que en la ceremonia de inauguración se eligió el poema “warmi” para ser leído. Éramos sólo cuatro poetas de los cuarenta invitados Latinoamericanos los que tuvimos el honor de participar con la lectura de un poema frente a más de 300 personas, entre ellos funcionarios, integrantes de la asociación de escritores de China y del PC. Este mismo poema lo leí en la Universidad Normal de Shaanxi, frente a estudiantes y académicos. La conmoción se debe a que este poema que se eligió para ser traducido y leído en la mayoría de las actividades del encuentro, habla de una mujer andina que se siente orgullosa de lo que es y habita, que la vergüenza y el miedo son pieles viejas que la warmi deja atrás sin culpa, pues es una mujer que habita y es habitada por la tierra que la abraza en sus gestos cotidianos. Este poema no sólo dialogaba con el concepto de eco y civilización, sino con el lenguaje reflexivo y geográfico de los otros poemas que leyeron los poetas de latinoamérica y China.

5. ¿Hubo algún intercambio o vínculo con poetas de otros países que haya dejado una huella en ti o en tu manera de escribir?

Es innegable el intercambio académico, cultural, espiritual y emocional. El vínculo de más trascendencia ha sido hallarme en cada propuesta poética, como si no hubieran fronteras en la manera en la que percibimos el hambre, la violencia, la injusticia, la alegría o la victoria.

6. ¿Cómo viviste el proceso de traducción y el encuentro entre lenguas, símbolos y cosmovisiones tan diversas?

Por el mismo asunto de que jamás pensé en que la poesía me llevara tan lejos y menos  la carrera universitaria (porque soy contadora de profesión), no tuve intención alguna de salir del país salvo que fuera por turismo, lo que implicaba de repente prescindir de cualquier idioma como el inglés. Considerando esto, el proceso de traducción y encuentro entre lenguas, símbolos y cosmovisiones diversas fue mucho más que acto meramente lingüístico, fue más bien una experiencia profundamente humana y cultural. En el festival la poesía era territorio común, y también un espacio en el que las fronteras desaparecían y los vínculos invisibles entre culturas crecían.

Cuando pienso en la poeta o estudiante que se encargó de traducir mi poema, pienso en la sensibilidad, la comprensión de mi cultura e intuición que necesitó para concebir el diálogo poético entre mi texto y su traducción al chino. Pienso en ella como otro puente que ha tocado el alma del texto para convertirlo en su idioma sin trastocar sus orillas, sus cumbres, sus aguas, su viento emocional. Cuando leí warmi, otra voz después de la mía, me leía en chino, aunque la audiencia no comprendiera, entendía la cadencia, la emoción, el silencio entre las palabras. No sólo se traduce la palabra sino el imaginario que la abraza.

Leerme y escucharme en la boca de poetas chinos ha significado redescubrirme, entenderme y entenderlos más allá de las palabras. Leer y escuchar a los poetas de latinoaméricanos ha alimentado esa otra forma de sentir, pensar y vivir.

7. ¿Qué imagen, palabra o sensación podría resumir lo que fue para ti esta experiencia en China?

La imagen que se me viene ahora mismo y cuando estuve allá es la de un puente, una gigante serpiente de piedra parecida a la Muralla China, en su lomo caminábamos peruanos, bolivianos, ecuatorianos, venezolanos, mexicanos, argentinos, etc. No había restricción, podía ir de un extremo a otro sin sentirme ajena. Todos compartimos el asombro y la palabra.

8. ¿Sientes que este viaje ha transformado tu mirada sobre la poesía o sobre tu propia obra?

No la ha transformado, la ha agrandado, ya no mide un país, mide veinte países más. Ya no tengo dos ojos, tengo ciento sesenta, similar a la cantidad de pies con los que camino ahora, similar a la cantidad de brazos con los que toco a mi familia, amigos y no amigos. Desde esa inmensa cantidad de sentidos estoy  sintiendo y escribiendo.

9. Desde tu experiencia, ¿de qué manera la poesía puede convertirse en un puente entre civilizaciones?

La poesía puede convertirse en un puente entre civilizaciones de muchas maneras, ya que es una forma de expresión profundamente humana que trasciende las barreras lingüísticas, culturales y temporales.

Se convierte en puente cuando no importa en qué idioma está escrito el poema, esta tiene la posibilidad de poseer en su útero emociones comunes (dolor, pérdida, hambre, injusticia, etc) que no tienen límites geográficos, poco importa saber en qué idioma está escrito el poema si está puede hablar el lenguaje emocional que hablo.

Se convierte en puente cuando mediante un poema conozco sus mitos, su relación con la naturaleza, sus formas de entender el tiempo, la muerte o el amor. Se convierte en puente por qué mediante la poesía se puede preservar y transmitir las tradiciones orales, idiomas, costumbres ancestrales e historias de resistencia. Se convierte en puente porque la poesía también es un instrumento de diálogo, reflexión y entendimiento. Los intercambios poéticos entre culturas (traducciones, festivales, encuentros) fomentan la empatía y el respeto, las diferencias no se enfrentan, sino que se escuchan con respeto. Se convierte en puente porque es también un espacio de resistencia común. En contextos de opresión o conflicto la poesía une a los pueblos en su anhelo de libertad,  justicia o solidaridad internacional. Se convierte en puente cuando un poema es traducido, no es sólo convertir las palabras a otros idiomas, se trata de transmitir imágenes, emociones, ritmos y ritos. La traducción como un puente necesario entre dos mundos.

La poesía como puente, no solo refleja el alma de una civilización, sino que también permite que otras la comprendan.

10. ¿Qué eco o aprendizaje perdura en ti tras este viaje y qué proyectos poéticos te acompañan ahora?


Al estar rodeada de poetas de diferentes países pude reconocer mejor mi propia voz, mi raíz y mi historia, al contrastarlas con otras aprendí que lo que uno escribe está en diálogo con tradiciones antiguas y contemporáneas, lo que fortalece la conciencia de quién soy como creadora. Al compartir versos, imágenes y estilos poéticos diversos con China o países latinos me di cuenta de que en la médula del poema compartimos preguntas fundamentales más allá de los idiomas. Al indagar leer u oír la tradición poética china pude identificar recursos que de algún modo alimentan profundamente el imaginario (explorar la imagen, lo simbólico, lo visual, lo sonoro). El festival de por sí, invita a conectar civilizaciones antiguas con preocupaciones del presente. Esa tensión entre tradición y modernidad, entre memoria cultural y discurso actual, se puede volver una fuente constante de creación. Lo que me pareció también muy importante fue cómo es que los mismos elementos naturales, imágenes de la naturaleza, montañas, ríos, el rocío, la luna, aparecen en muchas otras tradiciones diferentes. Ver cómo estos símbolos se usan de maneras distintas y parecidas me ayudan a comprender que hay un universo de emociones que aparentemente son únicas, pero son sentires colectivos, pero también particularidades culturales que los hacen únicos. Eco: mantener intacto el asombro y la curiosidad constante, seguir viajando, leyendo, borrando y rehaciendo.

Por ahora el más cercano proyecto poético que me acompaña a nivel colectivo es la integración a la comunidad poética que ha nacido tras nuestra visita a China, la intención es que esta experiencia no solo se quede en la memoria, por lo que gracias a la iniciativa de dos compañeros poetas argentinos se está trabajando una antología a fin de materializar la grandiosa experiencia. A nivel individual, por ahora solo culminar los proyectos que están pendientes. Aumentar mis lecturas e investigar.