Los caminos pendientes de la antropología peruana
Reseña de libro: Haciendo camino: Una década de Antropología Aplicada (Lliu Yawar, 2026)
Mientras la antropología peruana atraviesa uno de los debates más trascendentales del siglo XXI en torno a la Ley del Antropólogo Peruano[1], aparece un libro que nos recuerda que la antropología solo cobra pleno sentido cuando trasciende las aulas, recorre los territorios, escucha a las comunidades y pone su conocimiento al servicio de la sociedad.
En ese contexto, el antropólogo Hugo Álvaro Soto, past decano del Colegio Profesional de Antropólogos del Perú – Región Centro, presenta su más reciente libro, Haciendo camino: Una década de Antropología Aplicada. La publicación llega en un momento particularmente oportuno, cuando las discusiones sobre la ley han dejado al descubierto las distintas maneras de entender el ejercicio profesional, evidenciando tensiones entre sectores de la antropología desarrollados desde Lima y aquellos construidos desde las regiones.

Frente a ese escenario, Hugo Álvaro Soto nos propone volver a lo fundamental. Su libro recuerda que la razón de ser de la antropología no está únicamente en el debate académico o gremial, sino en su capacidad para comprender la diversidad cultural, acompañar a los pueblos y contribuir, desde el conocimiento antropológico, a la transformación de la realidad.
Quizá esa mirada tenga mucho que ver con los orígenes del autor. Hugo es natural de Tanta, Yauyos, una comunidad campesina donde el territorio, la organización comunal y la reciprocidad siguen siendo pilares de la vida colectiva. Haber nacido en ese contexto, propone Hugo en el mismo texto, significa haber aprendido desde temprano que el conocimiento también se construye en la comunidad, en la experiencia compartida y en el diálogo con los otros. Esa sensibilidad atraviesa todo el libro.

Durante una década de trabajo con comunidades andinas y amazónicas del Perú, Hugo Álvaro Soto ha desarrollado una antropología que adquiere sentido en la gestión territorial, la interculturalidad, la prevención de conflictos, el diálogo entre comunidades, Estado y empresa, y la búsqueda de soluciones culturalmente pertinentes. El mérito del libro consiste precisamente en convertir esa experiencia en una reflexión crítica que puede dialogar con estudiantes, investigadores y profesionales.
No encontraremos aquí una defensa romántica de la antropología aplicada ni un manual de buenas prácticas. Lo que el autor ofrece es una reflexión honesta sobre los desafíos, las tensiones y los aprendizajes que deja el trabajo de campo cuando el antropólogo asume el compromiso de involucrarse con los problemas reales de la sociedad.
En tiempos en que la disciplina discute su identidad y su reconocimiento profesional, Haciendo camino recuerda que la legitimidad de la antropología se construye también en las comunidades, en los territorios y en la capacidad de generar conocimiento útil para mejorar la vida de las personas. Esa es la principal enseñanza que deja este libro y el camino que Hugo Álvaro Soto ha decidido recorrer.

[1] Ley 32667 modifica la Ley 24166 para establecer la colegiatura obligatoria para ejercer la profesión de antropólogo en el Perú.

